Una de las actividades que más satisfacciones me ha dado en la vida ha sido la locución en radio. Di mis primeros pasos en la radio local de un maravilloso pueblo de la provincia de Sevilla, Sanlúcar la Mayor, de pocos pero muy buenos habitantes que me recibieron como si fuera de la familia. Enamorado de Sanlúcar, conocí a un genio de la radio en su acepción más sincera y auténtica: Manolo Marín, tan extraordinaria persona como locutor de radio, que me enseñó a hablar delante de un micrófono… disfrutando. No sólo no ganaba dinero con los programas que dirigía y presentaba, sino que me pagaba mi gasolina desde y hasta Sevilla y, cuando se imponía invitar a tomar algo a un invitado más importante, lo hacía de mi propio bolsillo. Pero valía la pena, porque era la radio auténtica, como ese fútbol primoroso que hace el Betis y recuerda al del Barcelona, pero es el Betis. Eso era Radio Sanlúcar: la radio. Corrían los años 80, y luego extendí mis programas a dos emisoras más: Radio Aljarafe, de Tomares, también en la provincia de Sevilla, y Radio Universal, una emisora cuasi pirata en uno de los mejores barrios de Sevilla, donde compartí micrófonos, entre otros, con Víctor Barrera, el célebre director de cine sevillano que rodó “El Crimen de los Galindos”, tan famoso en su tiempo. Fueron estos últimos programas de gran calidad por la altura de los contertulios, si bien la repercusión social era también limitada porque el “share” estaba limitado por la semiclandestinidad de la emisora, unida al hecho de su propia humildad en términos económicos. Nunca gané un solo euro con la radio, pero siempre me reportó enormes beneficios en muchos otros aspectos. Especialmente, la radio me permitió expresarme desde lo más profundo y sincero de mi consciencia a través de las ondas, sin importarme la cantidad ni la calidad de quienes me escuchaban, confiando en que el éter llevara mis palabras adonde el azar quisiera. También me reportó grandes amistades para siempre, como el mencionado y gran Manolo Marín, un ídolo en su pueblo, Sanlúcar la Mayor, cosa rara entre los profetas. Finalmente, la aparición de los podcasts me abre una puerta de vuelta al mundo maravilloso de la radio libre. Ahora tengo la oportunidad de seleccionar mi atalaya y, hasta cierto punto, mi público. Hacerles llegar lo que me preocupa y lo que descubro es un privilegio que me dispongo a disfrutar. Por todos ellos y para todos ellos tiene sentido, mucho sentido, “Vivir es Posible”, mi programa o, mejor, nuestro programa… de radio. Os espero a todos.